Análisis | Time on Frog Island


Frog Island, ¿tratar de salir de la isla o desistir en el intento?

Tenía ganas de pasar un tiempo en Frog Island, partiendo de la base que suponía la sinopsis del juego: naufragar en una isla repleta de simpáticas ranas mientras tratas de reparar tu barco para volver a emprender rumbo en alta mar. Sin embargo, lo que pensé iba a ser una aventura narrativa de mundo abierto en la que ir completando objetivos concretos, pasó a ser un… «mucha suerte en tu aventura, estás aquí sin ningún tipo de instrucción» en una isla donde las ranas autóctonas se extrañan de verte, pero no dudan lo más mínimo en aprovecharse de tu infortunio para pedirte favores y más favores, convirtiéndote en un recadero para esas ranas chantajistas que solo te ayudarán y/o darán piezas del barco si antes haces lo imposible por ellas, lo cual no es demasiado pacifista y en absoluto apto para impacientes. Time on Frog Island solo se encarga de presentarte el pretexto, el resto es cosa tuya: un sandbox sin marcadores, objetivos definidos ni ningún tipo de tutorial que indique cómo ir avanzando al menos al principio.

Un claro error, porque se ventila de un plumazo la oportunidad de captar a un público ideal para este tipo de juegos, más tratándose de Nintendo Switch: los más pequeños de la casa, independientemente de los millones de adultos que también jugamos juegos parecidos con total orgullo… aunque hasta a estos se les hará cuesta arriba en varios momentos. No pasaba nada por incluir un cuaderno de bitácora en la interfaz del juego o a través del menú, pero el equipo de Half Past Yellow ha preferido prescindir de una herramienta así para que sea el jugador quien decida cómo actuar y darle un total libre albedrío bajo el lema «descubre Frog Island con calma, a tu ritmo, mientras resuelves entuertos de tus nuevas amigas las ranas mientras consigues reparar tu barco». Eso está genial, de hecho me encanta la ambientación, los personajes y el diseño, ¡pero dame algo para hacer! Dame unos pasos, no me hagas buscarlo todo por mí mismo… ¡necesito saciar mi sed de cumplir objetivos previamente marcados en el menú!

Time on Frog Island permite con buena fe recorrer la divertida isla de las ranitas mientras nos deleitamos con su excelente construcción entre momentos graciosos erigidos entre un estilo artístico realmente bonito con vibraciones al más puro estilo Animal Crossing, pero se queda a medio camino entre un juego de supervivencia y lógica, y una experiencia pacifista en la que ir de un lado a otro e interactuar con todo. Esto no es necesariamente malo, pero hace que las primeras horas del juego sean un absoluto caos desordenado por no saber a dónde ir o qué hacer primero, y eso que el orden de los objetivos también tiene un sentido a lo largo de la aventura. No es hasta después de bastante tiempo cuando ya vas hilando y viendo por dónde ir tirando, pero las primeras horas son clave para querer continuar un juego, y en este caso… no anima a hacerlo, pero quienes lo hagan, aparte de valientes, se darán por satisfechos.

Divertida cadena de favores entre ranas, con importante moraleja incluida

Si has llegado hasta aquí, lo cual espero, estás de suerte. Ahora vamos a ver cómo Time on Frog Island supone un juego idóneo para esta temporada veraniega (también apto para otros momentos, sí, pero no le pega tanto por su temática isleña) una vez entiendes y empiezas a encontrarle el sentido a lo que tienes que hacer, lo cual se traduce en varias horas introductorias hasta que te pateas la isla de las ranas y descubres qué pide cada uno, cuándo aparecen ciertas plantas u objetos (ítems clave para ayudar a las ranas autóctonas) según la hora o el clima, o en qué momento ciertas ranas están en sus casas o paseando por la isla. Es cuestión de acostumbrarse y, de alguna manera, analizar el comportamiento de la isla tras un rato largo explorando y viéndolo, pero insisto en que es poco intuitivo… ¡sigo implorando un manual del náufrago!

A partir de ese momento, el juego se torna más absorbente, buscando la manera de encontrar esto o aquello, llevar un mensaje de una rana a otra, o simplemente disfrutar del encanto de una isla habitada por ranas. Estas, además, están diseñadas de manera totalmente diferentes; ya no solo por el curioso/excéntrico aspecto de cada una de ellas, sino también por la personalidad única que tienen: nunca te vas a encontrar con dos ranas iguales, y eso siempre es un aspecto positivo porque se nota el cuidado que hay detrás del apartado artístico. De hecho, las conversaciones entre las ranas y nuestro protagonista son mediante dibujos en bocadillos, no por diálogos de texto, lo cual le da bastante más personalidad al juego, así como un mayor nivel de llamémoslo complejidad o necesidad de observación, porque ya avanzo que hay que descifrar los mensajes de las ranas, algo que es sumamente divertido sobre todo cuando las ves desesperadas por conseguir algo.

Time on Frog Island va madurando como una cadena de favores hecha videojuego que comienza con nuestro protagonista en pos de reparar su barco varado en la orilla de la playa. Todo esto lleva a paliar el caos que tienen las ranas en la isla, aunque unas lo llevan mejor que otras, ya sea corriendo de un lado a otro o esperando a la divina providencia para resolver sus propios problemas. Es importante el mensaje que da el juego sobre la importancia de ser autosuficiente, el valor de un favor (que también puede ser arma de doble filo) y lo vagotas e interesadas que pueden ser las ranas, al menos en esta isla casi paradisíaca. Bromas aparte, es muy interesante ver cómo, día a día, favor tras favor, van sucediendo cosas nuevas en la isla y se pueden apreciar claramente las consecuencias de nuestros laboriosos actos para volver al mar. Es una experiencia tranquila y desenfadada donde las risas y la paz están aseguradas una vez conocemos nuestros «objetivos».

De narrativa sencilla pero emocionante, y un arte con encanto bucólico soberbio

Para finalizar este análisis, es imprescindible hablar de lo que hay detrás de Time on Frog Island al margen de la vida en la isla y la consecución de tareas. Cada noche, podemos dormir al lado de una fogata previamente hecha con leña repartida por los alrededores, una almohada y la famosa plantita (que tiene su cosa, porque no podemos dormir sin ella y ya descubriremos por qué). En el cambio de día, en lugar de aparecer una pantalla de carga negra o cualquier otro arte del juego, aparece una escena dibujada en sepia que nos va contando una historia, por lo que es cuasi obligatorio dormir todo lo posible cada noche antes de que salga el sol para descubrir una nueva viñeta, o lo que sería un capítulo más en la historia del protagonista, la cual es realmente emotiva. Está contada de una manera sutil, como un sueño en mitad de la noche. Algunos pueden pensar que es simple o que está desaprovechada, pero está perfectamente marcada para un estilo de juego tan bucólico como este.

De lo que me he enamorado es de su apartado artístico. Estoy gratamente sorprendido de lo tan cuidados que están los juegos independientes últimamente, con diseños y dibujos que nada tienen que envidiarle a juegos más grande o bestiales en términos gráficos. Es una industria donde el híper realismo se ve cada vez más en los productos finales, juegos como este son un soplo de aire fresco y, sobre todo, la buenísima señal de que estos estilos tan personales y característicos siguen siendo tan prioritarios para la parte de la industria que tiene menos recursos y, aun con ello, nos deleita con un dibujo tan cuidadoso. ¡Ah! Y no solo en Nintendo Switch, sino en todas las plataformas, así que no hay excusa para no darle una oportunidad.

Es un juego en el que te pierdes, pero lo haces con mucho encanto. Quiero recalcar que el primer bloque del análisis está ahí porque es importante hacerle saber a los jugadores que una de sus mayores carencias es un sistema mejor guiado, sobre todo porque el libre albedrío que vende el juego no debe confundirse en ningún momento con un sandbox walking simulator, porque no lo es, pero está claro que puede dar lugar a duda. Perfecto para jugarlo en la consola híbrida de Nintendo y llevarlo a donde sea, sobre todo en vacaciones, pero también una gran opción para consolas de sobremesa, Time on Frog Island resulta ser un aprendizaje dentro de una emotiva historia y la lucha interna de un protagonista que hace todo lo posible para seguir un viaje muy importante para él. Animaos a jugarlo, solo por lo divertidas que son las ranas, ya merece la pena visitar una isla tan excéntrica.


Plataforma revisada:

CONCLUSIÓN: Time on Frog Island es una aventura de naufragio que nos presenta una preciosa y bucólica isla habitada por estrafalarias ranas, una cadena de favores para lograr abandonar la isla con una sencilla pero emocionante narrativa y un gran apartado artístico. Carece de una lista de objetivos para no dejarlo todo tan en el aire.

LO MEJOR:

  • Idóneo para jugar en Nintendo Switch
  • Apartado artístico personal y cuidado
  • Las ranas son todo un espectáculo
  • Controles muy sencillos
  • Perfecto para los amantes de títulos como Animal Crossing

LO PEOR:

  • Falta un sistema de objetivos que ayude al jugador
  • El libre albedrío se torna en una lucha por saber cómo avanzar
  • Podría haber dado mucho más de sí

NOTABLE


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